En días como hoy, me pregunto otra vez, si soy la musa que quizo ser artista renunciando al mundo etéreo de las musas, para dar a luz a la mujer real, a la artista, a la madre, a la amante…O si, mas bien la artista, la mujer, la madre y la amante siguen en secreto, en algún rincón oscuro del alma, buscando transgredir las leyes de esta realidad material para entrar en el mundo de las musas; entrar aunque no haya muerto, ni el final haya llegado, ni la distancia haga etérea la imagen cotidiana.
Reniego de que la risa y el calorsito de los cuerpos abrazados en la mañana, el cereal, y la complicidad compartida con mis amantes deba de ser rota, inexistente, para poder ser.
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